La señora Corina se ha ido a dormir hace un par de minutos, yo estoy reacomodando mi ropa en los estantes, he tomado una ducha y ahora estoy colocándome la pijama. He ido a ver a Dona y los chicos me han pedido que las deje con ellos hasta mañana, me siento sumamente tranquila de que se sientan tan cómodos con ella. Pero sé que mañana no querrán volver a compartir una noche con una cachorra hambrienta.
Estoy ya recostada en mi cama cuando escucho los gritos de la señora Corina:
—¡Rose, Rose! —m