EPÍLOGO
Liliana
Logan me mira emocionado, con esa sonrisa tan suya que siempre logra desarmarme, pero sé exactamente lo que está pensando, puedo leerlo como un libro abierto.
—No, no lo hagas —le digo antes de que abra la boca y él frunce el ceño, confundido.
—¿Qué no haga qué?
—No me pidas matrimonio aquí y ahora. —Le señalo con un gesto—. Ni de rodillas, ni con un discurso que seguro llevas ensayando días.
Logan suelta una carcajada.
—¿Qué? ¿Ahora también me lees la mente?
—No hace falta leer