Siempre estará para ti.
De la gran casa salió una hermosa mujer de unos cuarenta años, a su lado se paró un pequeño de unos siete años que sonreía lleno de alegría al ver a Abigaíl.
— Bienvenida— dijo la mujer son una cálida sonrisa.
Abigaíl se acercó a ella y se dejó abrazar, ese abrazo que tanto necesitaba, Abigaíl se soltó en llanto, se había estado conteniendo, pero ahora sentía que podía terminar de casar todo ese dolor que sentía.
— Llora todo lo que quieras cariño, saca todo eso dolor— le dijo la mujer acariciá