Zack abrió los ojos de golpe, solo para vomitar horriblemente en el piso, tosiendo y respirando con dificultad una vez pasada esa horrible experiencia.
Sirius lo miró con cautela.
—¿Qué hora… es? —Zack finalizó la pregunta con dificultad, con su respiración temblorosa impidiéndole ser muy coherente.
—Son las cinco de la tarde —contestó su amigo con una mirada confusa—. ¿Estás bien? Creo que tuviste…
—Un coma etílico, sí. —Tosió fuertemente—. Maldita sea, estuve inconsciente como doce horas, aun