HOMBRE 2. Capítulo 23.
Introdujo su lengua dentro de su boca, saboreando con avidez cada rincón de su interior hasta que la falta de oxígeno lo obligó a detenerse.
Apoyó la frente en la de ella para bañarla con su aliento cálido.
Ese aire ardoroso mantenía el fuego que había quedado en los labios de la joven, suplantando la ira que le había invadido la mente y el corazón por un deseo avasallante.
—El aroma del rastro angelical que hay en tu sangre, enloquece a los de mi raza —explicó Borya mientras recuperaba la cade