Preguntarse cosas a uno mismo es sencillo; escuchar las respuestas es lo complicado, porque usualmente no escuchamos. Somos atentos con todo el mundo, escuchamos y ayudamos a todos; analizamos cada palabra y buscamos la forma más adecuada de interpretarlas, planteamos soluciones y, a veces, hasta prestamos nuestro hombro para que el otro llore, ¿por qué no hacer lo mismo con nosotros mismos?
Michelle, cómo todos, atravesaba por ciertas dificultades al intentar escuchar la respuesta; había repet