Michelle no preguntó, no habló, no hizo nada; tan solo se quedó con sus pensamientos, dudas e intrigas; no quería molestar a Miranda con sus inquietudes, porque, en realidad, podían ser nada en absoluto; nada además de simples pensamientos extremistas y sin sentido. No valía la pena perturbar a la chica por algo así.
Tal vez, sí hubiera tenido la valentía de pronunciar algunas palabras, las respuestas habrían llegado más rápido que los miedos; tal vez no hubiera lastimado a Gardner, de haberle