Capítulo 50. Súplicas.

Horas después, David aparcó el auto en el estacionamiento empedrado que precedía a la cabaña donde se residenciaba y apagó el motor en medio de un suspiro de cansancio.

La mayor parte de ese tiempo lo había pasado en la comandancia de la policía. Rindió declaraciones y luego visitó cada uno de los terrenos asignados para supervisar la culminación de los trabajos.

Incluso, tuvo que conversar con algunos periodistas, quienes lo seguían a sol y sombra, y calmar por teléfono los nervios de su madre
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