Cuando volvieron a casa se sentaron con ella a charlar. Emi miraba a ambos con atención, sintiendo mil cosas a la vez.
—Entonces, con un demonio no debe darse una conexión. Ya sabía de un segundo compañero, alguien me lo dijo.
—¿Alguien?
—Nada importante, pero me alegra que sea cierto. Porque eso drenará la energía que hay entre nosotros, misma que, aunque es excesiva, no parece calmar mi hambre.
—La esencia de un demonio es distinta, te llenará.
—Y me harán olvidar todo.
—En el mom