Jack sonrió tranquilo, pero August, ese abuelo era demasiado listo y se escabulló a la cocina, sitio desde dónde tendría plena vista del jardín y espió a la pareja. Alec y Emi se sentaron en una de las bancas y charlaron con calma.
—Me asustaste, cariño.
—Lo siento, era necesario hacerte creer que la boda era real.
—Lo comprendo Emily, y me alegro cómo no tienes idea. Vengan de vacaciones a Rumanía, tratemos de pasar tiempo juntos.
—Alec, debes comprender que las cosas siguen igual, so