Una vez a solas, sintió la suave caricia del viento y supo que su compañero le enviaba amor, así que, tras suspirar un poco con resignación, entró a la agencia de bienes raíces.
—Buenos días, joven, ¿puedo ayudarla en algo? Tome asiento por favor, mi nombre es Clarissa.
—Muchas gracias, mi nombre es Emily Dracul, mi esposo y yo compramos una casa.
—Al fin llega, estuvo hablando con mi compañera, pero anda enseñando unas casas. Me alegra ser quien le muestre la casa, pues sentía curiosid