Una semana después fue a ver a su suegro, segura de que no necesitaba guardaespaldas, porque no era sencillo hacerse a la idea de todo lo que estaba pasando. Solo esperaba de verdad que nada sucediera, no estaba de ánimos para lidiar con regaños de Alec, aunque tendría razón para hacerlos, por supuesto que sí.
Pero ella nunca lo reconocería.
—Hola, mi niña. Me encanta que almorcemos juntos.
—A mi también. ¿Sabe algo de Michael?
—No, pero sé dónde está, ha llegado a Virginia y se reúne co