Y para terminar de cagarla, Emi lo odiaba y la entendía, no lo causó él claro está, sino Dragos, el maldito parásito que vivía en su cabeza.
No es que él tomara las decisiones pero tenerle en su mente susurrándole cuan mierda era, hizo que su lado honesto quisiera alejarse de ella, y por eso actuó como lo hizo el día que iban a cenar. De todas formas, ella era demasiado joven para manejar lo que unirse a él significaba.
Pero, toda su estupidez le estaba pasando factura.
Sabía lo que debía de