Al subir a mi habitación, solo vi que era tan patética al guardar toda la ropa que el joven había dejado, que era estúpido como me había obsesionado con una manta, y como había perdido mi tiempo en esperarlo. Así que empecé a tomar todo, para poner sus cosas en bolsas de basura mientras mis lágrimas recorrían mi cara. Pero no puedo negar que la parte más difícil, fue tirar la manta azul, que representaba a mi hijo perdido.
–Adiós. –Murmuré entre lágrimas, para después dejar todo en el basurero.