Capítulo 52 — Irene mueve fichas
El silencio o la discreción nunca fue territorio de Irene. Ella prefería los espacios donde las palabras no se decían, pero se insinuaban; donde las miradas pesaban más que cualquier verdad y donde un gesto podía convertirse en una sentencia. Esa mañana, caminaba por los pasillos de la empresa con la elegancia intacta, la barbilla en alto y una sonrisa apenas perceptible en los labios, como si ya supiera algo que el resto aún no alcanzaba a comprender por qué lo