CAPÍTULO 9. TODO TIENE UN PRECIO
Alexander ingresó a su nueva oficina que se encontraba en los más alto de una de los rascacielos de la gran manzana. Apreció por unos segundos la panorámica de todas las torres por las que estaban rodeados.
Tomó asiento y marcó al departamento de recursos humanos.
—Buenos días, señor ¿Dígame en que le puedo servir? —respondió Laura la directora del área.
—Necesito que me envies el expediente de la arquitecta Madison Davis.
—En unos minutos se lo envío a su correo.
En ese instante sin decir más