CAPÍTULO 67. NO ME LA PUEDEN QUITAR
Al ver que James se giró en su eje al escucharse aquel estrepitoso ruido, Madison aprovechó para abrir la puerta con rapidez, y salir de la habitación corriendo en dirección a el cuarto donde su pequeño Liam lloraba incesablemente y la llamaba.
—¡¡¡Mamá!!! —gritaba con gran desespero, pateando la puerta con sus pies y sus manos.
En cuanto abrió la puerta, y al no tener claridad de lo que ocurría la cerró colocando el pestillo.
—Ya estoy aquí. —Lo abrazó con fuerza y corrió del otro lado de la c