CAPÍTULO 45. RECORDEMOS VIEJOS TIEMPOS
Después de tomar una ducha y arreglarse con uno de sus clásicos trajes que solía usar, James se dirigió al comedor y se sentó esperando a que la muchacha que contrató, para que le llevara el desayuno.
— ¿Necesita algo más? —la chica cuestionó mientras le servía el plato de fruta.
—Me hace falta una hermosa mujercita, que me acompañe a desayunar. —Guiñó un ojo y le sonrió con coquetería.
Las manos de la chica temblaron al escucharlo.
—Voy por su café —dijo con nerviosismo.
—Ya caerás —expresó