CAPÍTULO 30. UN SUEÑO NO CUMPLIDO
Madison ingresó a temprana hora al hospital, el sonido de sus stilettos de tacón resonaron por los pasillos que pasaba. Se dirigió a la máquina expendedora de café y luego hacia la sala del cubículo, esperando a que el doctor Seville, saliera de la revisión con Alexander.
Luego de esperar cerca de una hora, se puso de pie al verlo salir de la habitación de él.
—Buenos días —saludó el hombre.
—Hola, doctor ¿Cómo se encuentra Alexander? —preguntó.
—Mucho mejor, tanto que lo vamos a dar de alta