El hotel a las diez de la noche tiene el silencio de los viernes.
Irina llega con la mochila, el abrigo, la cadena en el bolsillo que no subió al cuello todavía porque subir la cadena al cuello requiere un momento y un espejo y esta noche no hubo ninguno de los dos.
Se sienta en el borde de la cama con el abrigo puesto.
El teléfono vibra.
Valentina.
No un audio. Un mensaje de texto, lo cual en Valentina significa que lo que tiene que decir requiere que Irina pueda releerlo y no depender de habe