El viernes el edificio se vacía de manera diferente a los otros días.
No de golpe. Por capas. A las cinco el piso ejecutivo. A las cinco y media los administrativos. A las seis y cuarto los técnicos, que son los últimos en irse porque los técnicos siempre son los últimos en irse.
Mateo se va a las seis y veinte con el abrigo a medio poner.
—¿Vienes?
—En un rato.
Él la mira. No pregunta nada más. Ya aprendió que cuando Irina dice en un rato lo dice en serio y no necesita que nadie la espere.
—Bu