Theo no levantó la vista. Su rostro seguía enterrado en sus brazos. Su pequeño cuerpo temblaba a causa de los sollozos. Me rompió algo dentro del pecho.
"Theo", dije. Extendí la mano y le toqué la espalda. Sus hombros se sentían pequeños bajo mi mano. "Cariño, mírame. Por favor.'
Él negó con la cabeza. Sus dedos se curvaron en la hierba. Estaba tirando de las cuchillas como si quisiera desaparecer.
Miré a la chica que estaba a su lado. Ella había dejado de darle palmaditas en la espalda. Ahora