Miré fijamente mi teléfono. La pantalla era brillante. Sentí como si me estuviera mirando fijamente. Había tres imágenes en la pantalla. Eran fotos mías y de mi hijo Theo. Alguien se los había llevado. Estábamos en la calle fuera del jardín de infancia y en la tienda de esquina donde compramos pizza y pan. En cada imagen había una X roja en el rostro de Theo.
Mis oídos comenzaron a sonar. El sonido era realmente fuerte y de alto tono. Era el tipo de sonido que hacía difícil escuchar cualquier c