—¿Qué haces aquí?— Michelle frunció el ceño y hablo en voz bajita para no molestar a los clientes, —¿Cómo sabes que estoy trabajando en este lugar?
—Es lógico que te seguí desde que saliste de la mansión de mi tío.— Dijo él, —Siéntate, tenemos una larga conversación.
—Mi deber es atender a los clientes.— Dijo ella con seriedad.
—En éste lugar hay suficientes meseros. Además está conversación no nos tomada más de cinco minutos.
Michelle lo miro a la cara y suspiro.
—Déjame llevar estos pedidos y