Octavia
La cueva era húmeda y fría, con el eco de nuestras voces rebotando en sus paredes irregulares. Un grupo de personas, con miradas llenas de miedo y esperanza, nos rodeaban.
—Son humanos, —susurró Aiden a mi lado, observando maravillado a los individuos que nos rodeaban.
—Creí que la Diosa Luna los había exterminado, —le devolví el susurro.
—Al parecer no fue así, —contestó Aiden, su voz llena de una mezcla de sorpresa y alivio.
La mujer que nos había guiado hasta allí, de aspecto cansado