Orión
Despertar con Octavia en mis brazos fue la mejor sensación del mundo. Desperté antes que ella, lo cual me permitió robar un momento para mirarla bien.
La luz del amanecer se filtraba por las cortinas, pintando delicados destellos dorados en su piel. Su cabello se extendía como una cortina de ébano sobre la almohada, y no pude resistir la tentación de acariciarlo suavemente con los dedos, sintiendo la suavidad de sus hebras oscuras. Sus pestañas largas y oscuras se movían ligeramente mient