Orión
Cambié a mi forma humana y me acerqué al prisionero que yacía arrodillado frente a Robin. Temblaba de pies a cabeza, su piel estaba cubierta de sangre y apenas podía distinguirse su color original. La tensión en el aire era palpable, y mis ojos ardían con determinación.
—Si respondes, te garantizo una muerte rápida —le dije con la voz baja y amenazante —sino lo haces, te torturaremos de la forma más dolorosa y lenta que exista... ¿Quién te envió?
—El... El... El Alfa... De las... Sombras