Killian ya estaba acostumbrado a las palabras directas de su padre, y su expresión ni siquiera vaciló.
—Samia… —Se le secó la garganta. Bebió un sorbo de agua antes de continuar—. Samia tiene otro pretendiente.
El día después de su decisión de dejar las cosas así, la había visto en la puerta de la universidad junto a un joven. Tan alto como él, y con un porte que revelaba cultura y cuna lejana: no era cualquiera.
Impulsado por un sentimiento que ni él mismo se explicaba, aquella misma tarde ave