XXVI.

—Mis corazones —exclamó mamá con calidez—. ¿Cómo les ha ido en el templo? ¿Se sienten cómodos? Seguramente ya habrán conocido a la hija de Amón.

—¿A Clem? Sí, la conocimos a ella y a su ángel —respondió Arthur.

—Son muy simpáticos —comentó Rek.

—Todavía me cuesta creer que te ganaras la voluntad de un bestrayo, Vi —

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