87.- Jonás.

¡Nunca había acelerado tanto un auto! Ni siquiera cuando sufrimos el accidente hundí tanto el maldito acelerador. Pero cuando llego al maldito hotel ella está fuera con su hermano, no lleva el vestido de esta mañana. Salto del auto casi sin frenar y corro hacia ella.

— ¡Leila! – No me mira, por el contrario esconde la cara en el pecho de James — ¡Muñeca! – me acerco un poco más —. Habla conmigo por favor, no huyas de mí – me duele el pecho.

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