52.- Leila.

Me levanto antes de que las lágrimas abandonen mis ojos, eso me pasa por meterme en líos que no me convienen: Jonás Serrano no me conviene, ni a nadie. No miro atrás cuando grita mi nombre, no hago caso porque siempre caigo en sus redes. Me gusta demasiado y me reprendo por ello. Abro la puerta y ni siquiera la cierro, bajo los primeros cuatro escalones, pero tropiezo como siempre y unos brazos me atrapan la cintura para evitar caer de bruces contra el pavimento de la acera.

 

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