El trayecto de regreso a la mansión fue un verdadero infierno. Conducía con los nudillos blancos apretando el volante, mientras mi mente trabajaba a mil por hora, trazando estrategias, buscando vacíos legales, cualquier cosa que me sirviera para arrastrar a Nicol fuera de mi empresa. No iba a permitir que esa buena para nada tocara el legado de mi padre. Estaba tan sumergida en mi rabia que, para cuando me di cuenta, ya había estacionado el coche frente a la gran fachada de piedra de los Smith.