El trayecto vertical en el ascensor dorado me revolvió el estómago. Sentía que las paredes espejadas se encogían a mi alrededor mientras los números digitales ascendían implacables hacia el piso presidencial.
Me encontraba en un debate interno brutal, una guerra sin cuartel entre mi orgullo corporativo y el amor adictivo que me encadenaba a mi esposo.
La advertencia letal de Cristian resonaba en mi mente con el ritmo de un tambor de ejecución. Recordé su mirada posesiva en el restaurante, la f