Si Cristian Smith pensaba que poseía el monopolio de la provocación física y la distracción masiva, estaba a punto de recibir una dolorosa lección. El fuego se combate con fuego, y yo tenía un arsenal mucho más peligroso que sus pantalones de pijama de seda. Él creía que yo era una ejecutiva de hielo incapaz de rebajarse a su nivel de juego sucio, pero olvidaba que una Del Castillo nunca se retira de un desafío; simplemente eleva las apuestas hasta que el oponente se queda en la quiebra.
El sáb