(Narrado por Nicol)
El corazón me golpeaba las costillas con tanta fuerza, con un ritmo tan frenético y desbocado, que por un segundo estuve segura de que Zamira podía escucharlo desde el umbral de la puerta. Sentía la garganta completamente seca y un frío helado subiendo por mis piernas, amenazando con hacerme tamborillar las rodillas en mitad de su pulcro piso presidencial. Sin embargo, los años de fingir sonrisas hipócritas en los cócteles benéficos de la alta sociedad, las galas corporativa