Por la mañana esperé hasta que me confirmarán que el envío de las flores había sido entregado para llevar a la oficina de Lana, le pedí a su secretaría que le avisará que estaba aquí y un segundo después me dejó pasar, cuando entré ella estaba colocando la planta cerca de la ventana.
–Buenos días señorita Adler –saludé.
–Buenos días señora Fritz, ¿cómo está? –me sonrió.
–Por favor, no me diga así, me puede decir Irina –mencioné –. Después de todo, pronto dejaré de ser Fritz, es mejor que me aco