*—Oye bien esa risa, Jacob, recuérdala. Esa es la risa de la hija de tu enemigo.
Jacob miró una vez más a la muchacha.
—Ella ríe, pero tú no lo haces. ¿Te parece que eso es justo?
Tal vez él también reiría si tuviera una pelota para jugar en el agua como ella. Ya hasta sospechaba que no tendría oportunidad ni de meterse al agua.
—Algún día serás dueño de todo lo que ella tiene.
Por ahora Jacob deseaba sólo su pelota.
—Su padre no tiene hijos hombres para que sean sus sucesores. El heredero será