—¡Al fin llegas mi amor! — apartó a Lili de inmediato, se levantó del sofá y se acercó a mí—. Me tenías preocupado.
—No respondiste a mi pregunta. ¿Qué estaban haciendo?
—¿De qué hablas? — frunció el ceño—. Lili me estaba terminando de sujetar la venda con el gancho.
Me di cuenta que estaba casi desnudo, lo que aumentó mi rabia y mis celos. Suspiré hondo, tratando de encontrar la palabra correcta sin sonar tan dura, pero en ese momento no podía dejar de pensar en ellos besándose o tocándose.
—E