Desperté por el fuerte olor a alcohol en mis fosas nasales. Traté de incorporarme, pero el dolor de cabeza y un par de manos evitaron que pudiera enderezar mi postura.
—Eres bien dramático, florecita. Se supone que el doctor venía a revisar a mi cuñis, pero, en lugar de eso, tuvo que atenderte a ti.
Quedé recto al recordar el motivo de mi desmayo. Varias emociones se expandieron por todo mi ser. Desde el miedo hasta una alegría inigualable. Pero al no ver a Amelia por ningún lado, la tristeza y