Franco
Llegué a casa y esperé más de una hora a que Camila llegara, estuve atento a que llamara en cualquier momento para que fueran a buscarla, pero el tiempo pasaba y no lo hacía.
—Señor, ¿quiere algo más? ¿quedó con hambre?
—No, Daila. Muchas gracias, pero estoy bien.
—Oh, creí que se había quedado en el comedor porque tenía hambre.
—No, pero sabe, si quiero una taza de té.
—Si, señor.
Daila va para la cocina, pero la detengo por algo más fuerte, no quiero dormir.
—Daila, espere. Mejor me pr