Chantal.
Chantal reparó en la mujer frente a ella. Evocó al rubio mirándola a los ojos, y todo estaba allí, en el mismo color que desprendían sus iris. El parecido era incalculable y el sentido de familiaridad le arañó los sentidos sin compasión alguna.
“¡Estúpida!”
—¿Derek Derricks es tu hijo? —cuestionó con un murmullo más para sí misma que para la mujer.
—Cariño, no lo tomes a mal, Derek nos hizo el favor de incluirte —Robert se acercó a ella—, de vigilarte y mantenerme al tanto de tu situa