Dixon.
Había llegado a la enorme mansión que cuando niño, creyó era su hogar. Se veía igual que siempre, meticulosa y organizada, con demasiado mármol y objetos dorados a modo de decoración. Los Derricks siempre habían mantenido sus gustos refinados, aunque a Dixon le parecía una reverenda mierda, su padre sí era un digno exponente de su apellido.
Caminó por el solitario vestíbulo, ni siquiera la servidumbre del lugar se encontraba para recibirlo. Era lo mismo que recordaba, lo mismo por lo que