Chantal.
—Sí, estoy bien —afirmó sonriente—. No te preocupes. Ya respondí todos los comentarios que me quedaban, Sam —él asintió, acercándose más a ella.
—No es eso, me preocupas tú. Tenía ganas de verte, de hablar contigo —se colocó justo al lado de su escritorio. Chantal pasó sus dedos por los enredados rizos, no sabía qué responder a eso.
—Bien, pues ya me ves —sonrió nerviosa.
Él se sentó en una esquina del buró, quedando al lado de ella, observándola.
—Creo que me pasé un poco en nuestra ú