Chantal.
Las lágrimas rodaban por las mejillas de Chantal, no las podía contener; no ahora que sabía que lo que le inundaba el pecho podía ir más allá del querer. Estar enamorada implicaba mucho, tenía como riesgo llegar a amar. Ese estado de limerencia era un peligro, más cuando el principal responsable estaba dispuesto a todo por ella. Él besaba su barbilla con ternura, aún encima de ella, extasiado por el descargue previo. Envuelto en las caricias que dedicaba a su piel, Dixon notó su aflicc