ALASKA
Ahora que lo escucho no tengo idea de lo que tengo que decir y siento que el aire ha desaparecido a mi alrededor escuchando el timbre de su voz.
Las manos me sudan, el corazón se me acelera y la garganta se me seca con la cantidad de sensaciones aglomeradas a lo largo de mi cuerpo.
La reacción no la comprendo y eso me pone mas nerviosa de lo que ya estoy.
—Alaska—dice mi nombre contrayendo me el sexo por lo bien que se escucha—¿que pasa? ¿para que me llamas?
Me armo de valor para hablar.