Cada fibra de mi ser gritaba para obedecer, para revelarme y enfrentar al líder, pero la cautela me detenía. Salí silenciosamente de mi escondite, permitiendo que la luz revelara mi presencia. Miré fijamente a Alastair, sin decir una palabra, solo observándolo con ojos que guardaban una mezcla de determinación y temor.
Alastair no era solo el alfa, era como un padre para mí. A pesar de eso, sabía que mi lugar en la manada era delicado, un equilibrio frágil entre aceptación y tolerancia. Rompió