Aparecieron cayendo estrepitosamente en el suelo, Gunnar la levantó rápidamente. Le hubiera gustado usar su magia, pero casi había gastado todas sus energías y necesitaba lo que le quedaba para sanarla.
Pateó la puerta de la choza oculta que tenía en medio de la selva de Brasil, un lugar tan oculto y apartado de la sociedad tanto humana como de hombres lobos. Apartó las cosas que había en el mesón de madera que estaba en medio del lugar y puso a la enferme en esta.
—¡Por la madre naturaleza! —s