—¡Esperen!
Dylan lanzó dos lazos de magia que sujetaron los talones de Alan y Catrina, arrastrándolos hacia atrás sorpresivamente. Un fuego de color verde fosforescente formo una pared enorme que casi los quemaba a los dos.
—¡El fuego no me hace nada idiota! —Alan se levantó después de que Dylan lo atrajera hacia él y lo soltara como costal de papas—. ¡Podía haber llegado a ellos!
—Cállate idiota —replico Dylan señalando el suelo—, han puesto marcas mágicas, ese fuego pudo haber absorbido el po