—¡Bael cálmate! —Gabriela intentaba ayudarlo.
Bael caminaba de un lado a otro con el terror carcomiéndole el estómago.
Esa mujer la tenía, esa mujer que se hacía llamar su madre, que lo único que ha hecho es dañarla, obligarla a hacer cosas terribles sin importarle su seguridad.
—¡Bael!
Alan sujetó el rostro de su hijo, sacudiéndolo para que reaccionara. Bael se dio cuenta que todo el descampado estaba ardiendo en llamas alrededor, que él había invocado sin darse cuenta.
Alzó su mano y su lanza