Estefan daba un golpe tras otro, pero Alan los esquivaba con total facilidad mientras que su sobrino cada vez se ponía más furioso.
Alan se rió para sus adentros, había criado y entrenado a ese mocoso. Cada paso que daba, cada cosa aprendida y cada tropiezo lo había vivido a su lado. Lo conocía demasiado para saber que iba a hacer al segundo siguiente.
Estefan desplegó sus alas y le lanzó todas las plumas metálicas que pudo intentando electrocutarlo.
Sin embargo, Alan tenía un manejo de sus pod